jueves, 14 de mayo de 2015

CARTA ABIERTA A LOS MALANDROS VENEZOLANOS.



Estos son los tiempo de las cartas abiertas.  Atrás quedaron las cartas cerradas dirigidas públicamente a alguien, que por estar cerradas, supongo, nunca fueron leídas.

Esta carta abierta va dirigida específicamente al sector de malandros que se dedican al atraco, secuestro y otro tipo de delitos violentos, pues, a los malandros que nos gobiernan no tengo nada que decirles en estos momentos.

Primero que nada, debo aclarar que NO me voy a referir a ustedes como “amigos malandros, compañeros malandros o señores malandros”.  Pero por favor no me mal interpreten, no lo hago porque quiera ofenderlos ni ser descortés con ustedes, lo hago porque la última vez que le dije un malandro:  

-- ¡Pana por favor no me mates! --
El atracador me respondió:
-- yo no soy pana tuyo --
Y acto seguido me dió un coñazo.

Empecemos pues, Malandros.

Vivimos en Venezuela tiempos muy difíciles. No hace falta decir, pero igual lo haré, que es obvio que ustedes hubiesen preferido ser un ortodoncista con ingresos anuales equivalentes a los 100.000 dólares, que andar atracando, secuestrando y matando gente a lo loco, como lo han venido haciendo durante tantos años.

Entendemos y hasta compartimos con ustedes la angustia de trabajar o simplemente circular en la calle y de ser detenidos en una alcabala de la GNB, la PNB (o el de la inteligencia, que ni lo voy a nombrar).  Dios nos ampare a ustedes y a nosotros de vivir semejante susto.

Sin embargo, observamos que el nivel de violencia en los crímenes que ustedes cometen contra nosotros es cada vez más alto y los sucesos son cada vez más terribles; situación que muchos de nosotros no entendemos por qué sucede, pero que nos compele a pedirles con mucha determinación y carácter:

¡Cuídennos un poquito más vale!.  Se está yendo mucha gente del país y ustedes tienen que tomar conciencia que entre la emigración y la gente que joden, cada vez les quedan menos potenciales clientes.

Si, dije “clientes”, y es que desde ya tenemos que cambiar el paradigma del malandro/víctima y entender que esto es un asunto de negocios.  Si alguno de los malandros que lea esto siente que yo estoy hablando disparates, le comento que no solo los venezolanos somos clientes de malandros, sino que el mundo entero también lo es.  Tenemos el ejemplo de Halliburton, un pran del mundo que no deja que nadie se le coma la luz.

Pero volvamos al tema.  

Mucho le agradeceríamos a ustedes a disminuir el nivel de incertidumbre.  Por ejemplo, cuando nos vayan a robar, ¡muéstrenos la pistola de una vez!. No nos pongan en la duda “¿eso será una pistola o un cambur?”. Acarreando la consiguiente probabilidad de que salgamos corriendo o que en pleno robo y por la arrechera acumulada los intentemos joder nosotros.  ¡Evitemos las desgracias!

Si existe un ciudadano en este planeta que sabe que los malandros tienen el control de la situación, es el venezolano.  Ignoramos el por qué, pero ya es conocido que nuestros actuales gobernantes no los quieren detener y les deja hacer lo que les sale del forro.  Esta situación los ubica como una clase social privilegiada, emparedados,  pura gente VIP… ¡son casi un militar!  

¿Entonces, por qué tanta agresividad? relájense, disfruten y no jodan tan feo a la gente.

Miren que después empiezan a llamar la atención del mundo internacional y empiezan las comparaciones odiosas entre malandros y tipos que sí están locos de verdad, como los del Estado Islámico, quienes hacen cosas incluso peores que ustedes pero sin la recompensa de las drogas, el alcohol o manosearle las tetas a Rosita.

Su excesiva violencia malandra está, incluso, afectando negativamente el trabajo de otros malandros de las Américas.  Imaginen un caraqueño paseando por Buenos Aires, Argentina y que un malandro de allá le saque una navaja para robarle el celular.   ¿Qué va a pensar el venezolano?

-- No joda yo soy de Venezuela, la tierra de El Picure y la banda de los Toyoteros, tierra de pranes; a mi me asaltan con 9 milimetros peine pa` fuera y granadas, en cambio este pendejo... --  

Y ahí mismo el caraqueño se le ríe en la cara al cholo, lo desarma y le da 3 carajazos.  

Pero deténganse a pensar ¿Qué piensa su colega malandro argentino?

--Che, los malandros venezolanos la están recagando, viste.--

Por otro lado, ustedes poseen aquí un muy buen negocio, protéjanlo.  Venezuela tiene un potencial turístico increíble para atraer miles de viajeros llenos de dólares, celulares inteligentes y lentes de sol carísimos.  ¿Por qué los tienen que espantar con esos crímenes tan feos?  Un turista al que le sacan la billetera del bolsillo, es un turista que regresa a nuestro país. Pero un turista secuestrado 8 horas en una posada y al que amenazaron con violar, ese no vuelve jamás.  Y gracias a Mcdonalds sabemos que perder a un cliente insatisfecho es el equivalente a perder 8 clientes.

Ser tolerantes no tiene por qué ser señal de debilidad, si ustedes están atracando a alguien y la persona les dice que no tiene celular, otórguenle el beneficio de la duda. Lo más probable es que de verdad se lo hayan robado en las últimas 48 horas.  Establezcan la emisión de certificados de robo para que ustedes sepan a quienes robaron ya y nosotros poder caminar tranquilos porque sabemos, que ustedes saben, que no tienen nada que quitarnos.  Yo les sugiero que ese certificado tenga un tiempo de duración de 2 años, que es lo que le toca ahorrar a uno para comprarse un celular nuevo en este país.

Así me despido de ustedes.  Yo tengo fe en que si ustedes tienen la inteligencia tan aguda para robar con burundanga y desaparecer casas completas con personas adentro, encontrarán la manera de mejorar estos importantes asuntos de “Atencion al Cliente”

Si alguna persona que no es malandro, lee esto, por favor ayúdenme a que llegue a manos de sus verdaderos destinatarios, impriman varias copias y guárdenlas en su cartera, en la guantera del carro y en el forro del celular.

Saludos.















viernes, 7 de marzo de 2014

VENEZUELA, LAS RESPUESTAS EN LOS ZAPATOS DEL OTRO.



Son muchas las aristas en las que se puede uno aproximar a la situación política y social que atraviesa Venezuela en estos momentos para ofrecer su punto de vista.

Sin embargo, he notado que quienes adversamos las doctrinas y métodos del gobierno socialista y revolucionario,  encontramos un gran punto en común en algo que nos resulta muy difícil entender: Tomando en cuenta la precaria situación social y económica de Venezuela ¿por qué todavía existen tantos chavistas que apoyan este gobierno?

Entre las muchas hipótesis, una es que no se ha desarrollado una estrategia de comunicación e información que llegue efectivamente a los sectores revolucionarios, pero desencantados, con propuestas concretas de soluciones a sus problemas; así como tampoco existe alguna conexión política entre los sectores populares arraigados al chavismo y los líderes, partidos y organizaciones que durante mucho tiempo solo han representado, o bien una vuelta al pasado oscuro de la “cuarta” o una manifestación de la “derecha” tantas veces satanizada por Hugo Chávez y sus Hijos.

Para tratar de encontrar una solución, procedí a intentar ponerme en los zapatos políticos de estos compatriotas chavistas descontentos y llegué a un punto interesante que me gustaría compartir, invitándolos a hacer el siguiente ejercicio especulativo:

Empecemos por suponer que una alianza Henrique Capriles/Leopoldo López ganó las últimas elecciones presidenciales y uno de ellos es, efectivamente, el Comandante en Jefe de las FANB, Jefe del Poder Ejecutivo y el otro es, digamos, Presidente de la Asamblea Nacional.

Suena rico ¿no?

Sigamos especulando que nuestro nuevo gobierno lleva a acabo promesas electorales y procede a: eliminar el control de cambio, botar a los cubanos, poner orden dentro del bochinche militar y devuelve a esa gente para sus cuarteles.  Se nombra un nuevo CNE, un poder Moral, se les da libertad a los presos políticos y un largo etcétera.  En resumen hace todo lo que le da la gana en 6 años.

Todo maravilloso, por ahora.

Continuamos y supongamos ahora que el restante de las políticas, sociales y económicas implementadas resultan ser todas una porquería y Venezuela, luego de 6 años, sigue afrontando los mismos problemas que tenemos ahora: inflación, escasez, inseguridad, violencia, guarimbas, colectivos motorizados de La Lagunita… etc.

Aquí empezó a hede r mal la visita

Para terminar este ejercicio, imaginemos que llegamos a una nueva coyuntura política (elecciones)  o social (protestas) y usted como ciudadano tiene dos opciones:

1.             Sigue apoyando irrestrictamente a la alianza Capriles/López por quienes usted votó pero que sumergieron al país en otra crisis terrible, igualita a la que tenemos ahora o peor.

2.             Cambia su actitud y apoya a los líderes de la oposición:  Nicolás Maduro/Diosdado Cabello.

¿Duro no?

Tomar la opción 1 le permitirá entender por qué aun existen tantos chavistas que apoyan al actual gobierno.

Tomar la opción 2 le permitirá entender qué debe hacer usted para convencer a los actuales chavistas descontentos de sumarse a las actividades que promueven un mejor país.


Es evidente, por lo menos para mi, que el problema no se resuelve poniéndose lo zapatos del otro y en una especie de copia fiel, asumir todo lo ancho de su postura, solo intentemos entenderlos.  La tolerancia, como dice San Pablo a los Colosenses, es un asunto de aguante.  Obviamente, es mucho mas fácil aguantarse al otro si en algo entendemos su postura.

Para la paz, los venezolanos tenemos que aguantarnos y perdonarnos mucho.


miércoles, 5 de febrero de 2014

MEDIOCRIDAD EN GOTAS. PRIMERA PARTE.

Muchas veces creemos que la mediocridad es algo que está asociado únicamente a nuestro entorno laboral, emocional o económico.  Crecemos bajo el constante escrutinio social de nuestras fallas o deficiencias.  Somos mediocres nosotros o son mediocres los demás.  Sin embargo, soy de los que piensan que ser mediocre es un asunto que viene ligado a cuestiones mucho más básicas de la cultura humana e incluso de la naturaleza.  Un ejemplo típico:  La gente zoqueta que baila merengue pero no baila salsa.

Pretendo entonces realizar un sobrevuelo sobre algunos aspectos bien mediocres, muy cercanos a nuestra vida pero que, si bien parecen un simple escarceo frente a otras miserias mucho más importantes, pueden ser tomados como una especie de indicadores de la cantidad de mediocridad flotante y dispersa que tenemos en la vida.

Para nadie es un secreto que al ser humano le encanta comer dulce, somos prácticamente unos “junkies” del azúcar.  Entonces ¿Qué puede sentir una persona que acaba de comerse un rico almuerzo dominguero y al dirigirse a su despensa buscando un postre, se da cuenta que el único dulce es un paquete de galleta María?  Rabia, frustración, decepción.

Cuando era niño, me llevaron a conocer a una tía; una persona mayor que con todo el amor del mundo me preguntó si me quería comer un dulce.  Recuerdo que cuando respondí ansiosamente que si y ví a mi tía sacar un paquete de Marías de su cartera grité:

-- ¡ESO NO ES DULCE!—  como si fuera un piedredero energúmeno al que le ofrecen jarabe para la tos, porque dicen que eso da la misma nota.

Después de ese incidente mi mamá nunca dejó de llevar una torta cada vez que me llevaba a una piñata.  Cuando alguien me preguntaba si quería dulce ella ¡zas! Rápido sacaba la torta.

Y es que en realidad hasta un cambur es más postre que una galleta María.

La galleta María pudo ser un dulce en la época de la colonia, pero ya hoy en día es una materia prima, de la cual reconozco se derivan postres deliciosos; pero de allí a pretender saciar las ganas de comer dulce con una galleta María es como querer desayunar metiéndose un puñado de harina pan en la boca.

Para rematar, la empresa que produce la galleta no tuvo mejor idea que sacar una presentación de mini galletas María en una bolsa grandota.  ¿Acaso pensaron que uno iba a querer entrar al cine a comer minigalletas María como si fueran cotufas?.  Yo estoy seguro que esas miniaturas se las inventaron porque se les echó a perder la máquina en la fábrica y decidieron comercializar con las burusas o las galletas que no superaban el control de calidad. 

Hablando de empresas, hay algunas que se dedicaron a producir imitaciones de la galleta María.  Pero por favor, eso es como que a estas alturas alguien quiera hacerse famoso imitando a Guillermo Dávila.


Merci.

lunes, 6 de enero de 2014

Review de I LOVE ZOMBIES



Leer I Love Zombies, de mi amigo César Oropeza,  fue la mejor manera de terminar mis vacaciones de diciembre.  Fue como ir al cine, ese último domingo, a ver una peli de la cual no sabías qué esperar, pero que cuando se termina sales de la sala sin darte cuenta que transformaste tu vaso de refresco en una escopeta de corredera y que vas caminando con ganas de que el señor de la taquilla del estacionamiento se convierta en zombie para descargarle una lluvia de hielo a quema ropa.
Este libro es una operación comando:   La narrativa limpia de una historia a la que se entra y se sale rápido con, por supuesto, muchos tiros y “cosas” que explotan con un vistoso recurso onomatopéyico.
Cesar Oropeza monta una cámara en cada personaje de I Love Zombies; logrando que todos ellos cuenten su historia; su propia versión de cómo hacen para salvar, o terminar, sus vidas postapocalípticas.
Me gustaría contarles más… ¡pero creo que me mordieron!

martes, 23 de julio de 2013

50 SOMBRAS DE REY.

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¿Qué título para un artículo no?  Tenía que aprovecharme de la explosión publicitaria del fulano libro para llamar la atención.  Pero no me avergüenza en lo absoluto haberlos engañado; porque en mi criterio, llamar la atención con algo que sugiere sexo y masturbación es mucho más humano y mundano, ergo correcto, que llamar la atención con, por ejemplo, una pazguatada  caractéristica de la autoayuda literaria:  El Monje Que Vendió Su Ferrari o Padre Rico Padre Pobre.
Durante el tiempo que el ser humano ha sido pisatario de este planeta, han sido muchos los elementos que, culturalmente hablando, nos han corrompido:  Las armas que matan a distancia, el dinero, el opio y por supuesto los libros de autoayuda.
Me dispongo, pues, a comenzar una cruzada que me hará merecedor de antipatías, enemistades y odios.  Supongo yo que más me odiarán los seguidores fanáticos de los libros de autoayuda, que los mismos autores quienes seguramente andan disfrutando la vida,  bebiendo tequila del ombligo de alguna garota superbuenota en su mansión de Río de Janeiro.
Pero ¿qué nos lleva por este camino de la autoayuda?  La falta de criterio con la que nos educamos. Vivimos el tiempo en que de niños se nos insiste en la escuela con que somos inteligentes en la medida en que mejor manipulemos el recurso numérico.  Se nos exige profundizar los aspectos técnicos del álgebra pero apenas nos comentan sobre Sócrates.  La evaluación académica es más favorable en la medida que sepamos escribir y acentuar la palabra Sócrates que profundizar en la propia obra del gran filósofo.
Llega uno entonces a la edad adulta a enfrentar la realidad pesimista de la vida con conocimientos de álgebra, geometría y creyendo que Adolfo Hitler es el Sauron de la Historia Universal.  No se nos educa por las virtudes del conocimiento y la sabiduría sino para ganar billete.  Cómo me dijo una vez mi gran amigo Rafael Jiménez Moreno "El Vampiro": “Amigo Rey, vivimos en la época de la legitimación del billetazo”.
Es quizá por esta desviación que cuando el hombre occidental se enfrenta a procesos o inquietudes como el de la muerte o el significado de la vida; se encuentra con que es un inválido intelectual y siente miedo.
Y es aquí donde alguien muy pícaro detectó una necesidad de mercado y en vez de rescatar el cuerpo insepulto del capitulo filosófico de la humanidad, decide publicar una sandez llamada El Secreto; porquería apuntalada en una de las peores blasfemias cometidas contra la humanidad llamada: La Ley De la Atracción; la cuál, para rematar, deja al descubierto la escasez de profundidad del ser humano que le da el título de “Ley” a la primera charlatanería que se encuentra en un libro de autoayuda.
Les Leyes no se constituyen como leyes porque digan cosas bonitas o parezcan cargadas de obvio sentido común.  Las Leyes Universales de la Termodinámica, por citar un ejemplo, fueron hasta el cansancio comprobadas en experimentos, observaciones e incluso sometidas a los rigores del método científico.  No veo por ningún lado una publicación científica que avale o respalde el hecho de que si me la paso todo el día pensando en un avión o en una mansión los voy a terminar teniendo (SIC).  En todo caso es una mera hipótesis embadurnada de conceptos de mecánica cuántica y con un sesgo de egoísmo y materialismo que explica por qué ha calado tanto en la mente del hombre occidental.
Habría que investigar en qué momento la gente decidió dejar de leer los valiosos aportes filosóficos de Descartes, Espinosa o Kant (quienes si describieron profundamente las substancias del hombre, Dios, la naturaleza) y pasó a preferir leer una columna semanal de un gurú de la llamada “Kabalah” llena de frases epistolares pero sin asidero filosófico o científico alguno.
El refranero venezolano, cargado de una sabiduría popular innegable se ha visto de alguna manera sustituido por una lista de citas pegajosas que son repetidas hasta el cansancio por gurús con nombres extravagantes.  Ya los niños no nacen barrigones ni los fajan de chiquitos, no.  Ahora los niños son una gente  de color índigo y representan el nuevo amanecer de la humanidad y otras zoquetadas más:
“Cuando una persona desea algo, el universo entero conspira para que pueda realizar su sueño” Qué manera de entender el universo y sus elementos como si fueran un personaje.  Es como la gente que cree que la Luna es su amiga y le toma fotos a la luna llena y le habla: Lunita no me desampares.  La Luna es una roca sin vida que no se ha ido porque está presa en el campo gravitatorio de la tierra.  Algunos empezaron a darse cuenta que el cuento de la Luna se estaba poniendo cansón y ahora empezaron a echarle la culpa al pobre Mercurio.
“El Tiempo de Dios es perfecto”  No puedo decir que no es así.  Pero, si la sospecha de que Dios es eterno llega a ser cierta; puedo concluir que no me puedo poner a esperar a que Dios vea el reloj o le suene la alarma de mis cosas.  No es que me esté quejando pero yo si tengo cierto apuro, algo que llaman vida; y mi “reloj” a diferencia del de Dios, no tiene la función de pausa o arrancar desde cero.  Por otro lado, creo que someterse al tiempo de Dios es como ponerse a pelear con el vigilante del banco que te cerró la puerta en la cara.  Uno le insiste que son las 3:25, pero si el reloj de él marca las 3:30 te fregaste.
Creo que éste es uno de los artículos más difíciles (y ciertamente largo) que he decidido escribir.  No es de mucho humor, lo sé.  Soy un creyente de Dios y respetuoso de las creencias de cada quién y del derecho qué tiene cada persona en leer lo que le provoque.  Por eso le doy las gracias a quienes llegaron hasta aquí.
Finalmente, desde muy pequeño he crecido con la creencia de que la única autoayuda a la que vale la pena dedicarle tiempo y esfuerzo es a la masturbación.
Saludos.


martes, 21 de mayo de 2013

SALIR DE LA NEVERA.



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Se suponía que ser vegetariano era un paso hacia mí felicidad, hacia mí evolución como ser humano.
Así como le ocurre a hombres y mujeres de gustos homosexuales cuando les toca salir del closet, bueno a los vegetarianos nos ocurre igualito cuando nos toca salir de la nevera.  Yo llamo salir de la nevera, obviamente, al hecho de declarar al mundo entero que tú, decidiste no comer más carne.  Les explico por qué.
Ya de comienzo, la cosa se nos hace complicada porque por muy absurdo que parezca, la gente no sabe la diferencia entre lo que es carne y lo que es vegetal.
Siempre hay un estúpido o estúpida que cuando se entera que yo soy vegetariano me dice: ¡ah tú eres vegetariano!... ¿y qué comes?.  Lo que provoca responderle es:  ¡Pues vegetales, imbécil!.  Preguntar eso es como preguntarle a un magallanero cuál es su equipo de béisbol favorito.
Otros personajes indignantes son los falsos vegetarianos.  El otro día conocí a una mujer que me dijo: “Ay yo soy casi vegetariana, porque como muy poquita carne” A mí me provocó responderle: “entonces también eres casi estúpida, porque tu marido solo te pone poquitos cachos”
Si usted no come carne es vegetariano, si usted come carne, asi sea poquita, ¡no es vegetariano!.  No insista.  Y es que ser vegetariano no es ninguna virtud de la que se tenga que estar presumiendo, es una decisión más de la vida.  Es como decidir ser comunista o capitalista o de si comes pasta con diablito o no.
Lo digo porque me ha pasado que llego, por ejemplo, a una parrilla y la anfitriona me presenta ante el grupo gritando como una loca histérica:  “Gente él es Rey, mi amigo vegetariano que les conté.  El no come nada de carne y por eso compré pizza margarita para todos” Introducción que por supuesto resulta absurda porque uno no presenta a los amigos, ni a nadie, de esa manera:
“Amigos el es Marcos, mi amigo gay que les conté.  A él no le gustan las mujeres así que muchachas no se entusiasmen y chicos peguen esas nalgas a la pared porque Marquitos es terrible”
Ser vegetariano hace evidente la falta de educación del venezolano que cree que el huevo es una semilla que se siembra y nace una planta de la cual salen los pollos, porque siempre hay un descerebrado que te pregunta: ¿pero pollo si comes verdad?
Para mí lo más difícil de ser vegetariano fue, volviendo al principio, salir de la nevera.  Todavía recuerdo el día que reuní a mi papá y mamá y les dije:
— Papá, mamá… tengo algo que decirles—
Mi papá era Coronel de la guardia nacional, cazador, aventurero, mujeriego… un militar normal de este país pues.  Se sentó en el sofá con la misma actitud de cuando le entregaba la boleta y dijo:
—¿Qué pasó hijo?—
—Soy vegetariano— dije con voz trémula.
—¿Vege qué? — dijo atorado mi papa.
—Vegetariaaaano— respondí alargando la palabra para imprimirle cierto grado de impaciencia.
Mi papá intentó comprender desde su sofá.
—Ah eres vegetariano.  Es decir, eres de los que les gustan las mujeres pero también los hombres —
—¡No papá! — interrumpí. —  Los vegetarianos son las personas que no comen carne—
Mi papá hizo un gesto de honesto esfuerzo por entender, tomó aire y me dijo con condescendencia:
   Ok hijo bueno pero no te arreches.  ¿Tú no comes carne entonces? bueno esta bien eso.  Pero dime algo para salir de dudas: ¿no te gusta es la carne de la mujer o la del hombre? —

Sonó la puerta.  Me fui arrecho.

Llegué a casa de mi mejor amigo a contarle lo que estaba pasándome, sobre la decisión que había tomado y de que mi papá pensaba que los vegetarianos somos parchitas.  Entonces mi “brother”, educado en las mismos colegios y universidades que yo, me escucha con atención y finalmente me dice:

   Entonces Rey, eres vegetariano—
   Si — Respondí.
— Por mí perfecto—  me dijo mientras me palmeó la espalda y cuando yo pensaba que por fin alguien me comprendía, continuó:
   ¿Y desde cuando lo sabes? Sabes que estaré aquí para apoyarte siempre, pero ¿Ya eras así cuando estábamos en el colegio?
¡Malaya Sea!


martes, 26 de febrero de 2013

VENEZOLANAS EXPLOTADAS

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Para nadie es un secreto que vivir en Venezuela se ha convertido en algo sumamente complejo.  Vivimos rodeados por delincuentes, secuestradores y gente que no recoge la caca de sus perros.
El otro día me llamó la atención un comentario en Twitter, en el cuál alguien se preguntaba: ¿Qué percepción tendrá la gente en el extranjero de nosotros los venezolanos? Y pensé diversas respuestas:
·      Que somos unos salvajes que vamos por la calle llevando machetes en la cintura y cuándo no nos estamos matando entre nosotros es porque nos estamos  bañando en piscinas de petróleo.
·      Que en nuestros aeropuertos siempre hay mujeres vestidas de campesinas salvadoreñas vendiendo gallinas, chivos y barriles de petróleo.
·      Que Venezuela es el país de las mujeres más bellas del mundo y dónde te regalan la gasolina para que puedas salir a pasear con ellas.
Y aunque sea cierto que estas percepciones se asemejan bastante a la cruel realidad, no es sino la última premisa la que me causa mayor inquietud.  Y definitivamente si un tipo cree que vivir rodeado de mujeres bellas y coquetas es divertido, es porque ese tipo es un zoquete.
(Antes de seguir debo establecer que mi objetivo no es, obviamente, meterme ni criticar a la dulce y bella mujer venezolana.  Me refiero a las mamis explotadas que vemos en la calle a cada rato)
La verdad sea dicha, no hay cosa mas fastidiosa que salir con una “mami explotada” de esas que solamente:
·      Hablan de su pelo como un universitario habla del mataburro que le puso a su Toyota Merú,
·      Hablan de sus senos como un universitario habla del equipo de sonido que le compró a su Toyota Merú.
·      Hablan de sus nalgas como un universitario habla del Toyota Merú que le compró a su Toyota Merú. (Créanme que es así)
Reconozco que estos comentarios posiblemente se deban a que mi subconsciente esté rezumando algún tipo de complejo o inseguridad, pero es que estoy convencido de que esas mamis explotadas entienden conceptos como el de la “fidelidad” de la misma manera como yo entiendo a las corridas de toros:  Una vaina loca que practica una gente por ahí.
Una de las cosas que mas me irrita de las mamis explotadas, es que apenas se ponen su primer par de tetas de plástico, automáticamente adquieren la propiedad de poner cara de asquito las 24 horas del día.
Hay algunas mamis explotadas que están tan intervenidas por todos lados que cuando terminas una salida y la dejas en su casa, la mujer debería darte los créditos; pero no los créditos financieros, sino los créditos tipo película:
·      Productor General de Tetas (o sea el cirujano): Doctor Alberto Sandoval.
·      Productor Ejecutivo de Tetas (o sea el que puso los reales):  Gabriel Haddad.
·      Botox, lifting e inyección de sopa maggi en las nalgas: Guiseppe Italianetto.
·      Extensiones de pelo y uñas panorámicas:  Carmelo, pero no el de las pizzas.
·      Director de Exteriores (la ropita cara):  Ella misma, porque tampoco es que son tan chulas.
Y así cuando llegas al respectivo “The End” terminas entendiendo que fuiste al cine con una mami explotada que no le da nota enseñar sufotos de la infancia porque nadie la reconoce ya.
Creo que por algo de esto es que tiendo a preferir mujeres naturales, porque tienen menos gente a quién dar las gracias.